lunes, 11 de octubre de 2010

Marc Hauser, y las miserias de la Ciencia

Marc Hauser, y las miserias de la Ciencia: "

Estoy un viernes lluvioso del recién estrenado octubre en la Universidad de Harvard, justo frente al edificio del departamento de psicología donde un par de años atrás visité al reconocidísimo –hasta hace dos meses- psicólogo evolutivo Marc Hauser. Impresionado por su elocuencia, capacidad comunicadora, y originalidad de sus estudios con humanos y macacos sobre los orígenes evolutivos de la moralidad, durante mi estancia en Cambridge asistí regularmente a sus seminarios, y en varias ocasiones cité sus investigaciones en el blog.

Ahora resulta que Hauser, autor del libro “The Moral Mind”, habitual de charlas, programas de televisión , director de un extensísimo grupo de investigadores en Harvard, y considerado como uno de los científicos más prolíficos en el estudio científico de la naturaleza humana, ha quedado defenestrado para la práctica científica por haberse inventado resultados y coaccionado a algunos de sus alumnos para que modificaran sus datos hasta ajustarse a la tesis que él quería defender. Equivalente al caso más escandaloso de dopaje en deporte que podáis imaginar.


Las noticias aparecieron a principios del pasado agosto, pero estando rodeadas de cierto secretismo y claroscuros, quería venir hasta aquí para contrastar de primera mano con investigadores amigos hasta qué punto la situación era tan grave. Es muy grave. Más incluso de lo que me había imaginado. “Podría ir a prisión”, me llegó a decir una neurocientífica del MIT.


Cuentan que todo empezó cuando un grupo de sus postdocs envió una carta al decano de Harvard explicándole que Marc Hauser les obligaba a modificar resultados científicos, y que en varias ocasiones se los había inventado directamente. Esta acusación, en el mundo de la ciencia, es un pecado capital. Algo absolutamente intolerable. Harvard empezó una investigación interna, que concluyó con el anuncio de que efectivamente, Hauser había incurrido en mala conducta científica y varios de sus artículos publicados contenían resultados fraudulentos.


Hauser trabajaba en muchas líneas diferentes y colaboraba con gran cantidad de grupos. Parece que sus experimentos con humanos están limpios, pero un número indefinido de sus trabajos analizando la conducta de macacos y chimpancés han sido manipulados. Durante la investigación, misteriosamente algunos de sus videos de macacos habían desaparecido, y no se encontró registro de los datos de ciertos experimentos que decía haber realizado. Hauser tomó un año sabático justo antes de que la polémica explorara, y sólo hizo unas declaraciones públicas en las que sí reconoció haber cometido errores.


Harvard ha cerrado su laboratorio , y se rumorea que como gran parte de su financiación procede de fondos públicos otorgados por la National Science Foundation (NSF), va a ser juzgado por delito y acusado de cargos graves. También rumores, se dice que el FBI está investigando el caso.


Para los investigadores en su campo de trabajo, la noticia es mucho más que una decepción por los errores de alguien tan querido. Están escandalizados, y lo consideran un verdadero desastre. Primero porque Hauser era una referencia, un autor muy citado, y la retirada de algunos de sus artículos afecta a otras investigaciones relacionadas. Y segundo, por la imagen que se proyecta al público de la ciencia. En especial, de la psicología evolutiva.


De mi charla con Hauser, todavía recuerdo la insistencia que mostraba en defender que por primera vez en la historia estábamos utilizando el método científico para investigar a fondo la naturaleza humana. Hauser es un tipo encantador, y sin duda gran parte de la ciencia que ha realizado continúa siendo brillante, pero esta pureza de la metodología científica en el estudio de la naturaleza humana que comentaba, queda en entredicho. Ha salido muy tocada. A la psicología evolutiva se la acusa habitualmente de defender sus planteamientos sólo con la coherencia de sus historias. Por eso experimentos con macacos como los de Hauser tenían tanta relevancia. Ahora, por ejemplo, el Wall Street Journal decía que la propia psicología evolutiva merecía un “morality check”.



El caso de Hauser es impactante, pero ni mucho menos es el único. Hace dos semanas una premio Nobel de Harvard retiró dos de sus artículos científicos tras no poder reproducir los experimentos que había realizado uno de sus postdocs. Y hace una semana en Nature leíamos el sorprendente caso de una investigadora de la Universidad de Michigan que denunció que un compañero le contaminaba sus muestras por celos y competencia, pusieron cámaras en el laboratorio, y efectivamente le descubrieron boicoteando experimentos. Se respira un clima enrarecido en la ciencia.


Lo más grave es que cuando aquí en Harvard y en MIT comentas estos casos (y si hay científicos en la sala, por favor dadnos vuestra opinión), te responden un “no es de extrañar con la presión a la que estamos sometidos”. Ayer me decían: “La competencia es feroz. Aquí si no tienes un Science o un Nature no consigues plaza”. Este “aquí” no es exclusivo de Cambridge, desde luego. Y las posibles malas conductas científicas para conseguirlo, seguramente tampoco. La ciencia está a riesgo de perder la imagen de pureza que quizá algún día tuvo.


Nosotros continuaremos disfrutando de la ciencia como lo hacemos del arte; apreciando sus mejores obras y buscando la creatividad de las nuevas ideas. Nunca asumimos que todas fueran buenas, pero sí nos dejábamos llevar fácilmente por ellas. Ahora nos están forzando a ser cada vez más meticulosos.




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